EL LIBRO

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Reproducimos aquí un fragmento del prólogo del libro realizado expresamente para la exposición así como una breve biografía del autor.

Prólogo
La presencia judía en la intelectualidad

En el pasado podía considerarse tabú la mención del origen judío de un autor universal.

Edward Golschtüker quebró ese tabú con respecto a Kafka cuando en 1962 aprovechó exitosamente un exabrupto de Jean Paul Sartre para producir una grieta cultural en el totalitarismo. De visita en Moscú en 1962 Sartre formuló la sorpresiva exigencia de que se diera fin a la persecución contra la creación kafkiana en el mundo comunista. Golschtüker se lanzó de inmediato a organizar la conferencia de Liblice que en mayo de 1963 reveló públicamente a Kafka en su país natal. Recuérdese también que la Enciclopedia Soviética llegó a partir de 1952 a eliminar toda mención de la judeidad de Marx.

Actualmente el tabú se relaciona más con Israel. Así, cuando el español Camilo José Cela recibió el Premio Nobel de Literatura (1989) los medios ocultaron el importante dato de que Cela presidía la asociación española de amistad con el Estado judío. Paralelamente las biografías de Zubin Mehta frecuentemente soslayan su cargo de conductor de la Orquesta Filarmónica de Israel.

Este libro, y la exposición sobre La contribución judía al mundo de las ideas, parten precisamente de la base opuesta: no solamente los vínculos judaicos y sionistas de un pensador deben ser considerados naturales y dignos de mención, sino que incluso pueden permitir un mejor entendimiento de su obra.

Una de las facetas que cabe revisar es si la presencia desproporcionada de hebreos en áreas específicas como la medicina, la psicología, o las ciencias, acaso refleja alguna correlación entre la cultura judía y la intelectualidad.

Hay un libro para el que es primordial la abstracción, a su vez tan necesaria en las ciencias; un libro que moldeó la cultura judaica como ningún otro: el Talmud, al que judíos han dedicado sus vidas durante todas las épocas.

La abstracción talmúdica en la que se han entrenado los judíos, podría explicar que, una vez que el proceso de emancipación abrió las puertas del gueto, “la mentalidad talmúdica” aplicada a las disciplinas modernas dio como resultado intelectos singulares.

En su artículo La preeminencia intelectual de los judíos en la Europa moderna (1919), el sociólogo norteamericano Thorstein Veblen sostuvo que si bien los logros internos de los judíos han sido notables, alcanzaron su grandeza como “líderes creadores en el mundo de la empresa intelectual” sólo cuando tuvieron contacto con el medio externo.

Veblen encuentra que la posición marginal de los intelectuales judíos dentro de la sociedad gentil, les posibilitó una visión más crítica y escéptica frente a los valores rígidos. La curiosidad y la crítica que se empleaban en el estudio talmúdico se volcaron, cuando se abrieron las puertas del gueto, a la investigación científica.

En ese sentido, el primer presidente de Israel, Jaim Weizmann, escribió en sus memorias que “el extraordinario fenómeno de una gran tradición de conocimiento fructificada por métodos modernos, nos ha dado nuestros científicos de primera clase en desproporción a nuestro número”.

Uno de los primeros en dedicarse a dilucidar la cuestión fue Josef Jacobs, en un libro publicado en Londres en 1886, titulado La distribución comparativa de la habilidad judía. Jacobs explica cuatro preeminencias de los judíos: dos debidas a un impulso interno de su propia cultura (la música y la metafísica) y dos resultantes de actividades impuestas por el medio circundante (la filología y las finanzas).

Así, el acento musical de los judíos se debería “al carácter hogareño de su religión que, necesariamente. hace que la música forme parte de cada uno de los hogares judíos”. Un capítulo aparte merecería el violín que dio, entre los judíos, a los más talentosos del siglo XX.

La segunda de las disciplinas enumeradas por Josef Jacobs, la filología, es hija directa del poliglotismo. Como consecuencia de las frecuentes mudanzas de un país a otro y del hecho de que siempre tuvieron su lengua propia además de la vernácula, los judíos se dedicaron al aprendizaje de idiomas.

En cuanto al campo de las finanzas, según Jacobs “les fue forzado: el mundo los obligó a ser financistas” mucho antes de que las finanzas fueran importantes. La posición socioeconómica de los judíos fue consecuencia (y no causa) de la hostilidad que muchas veces los acosó. Cuando judíos se dedicaron a prestar dinero, fue porque tanto la posesión de tierras como otras profesiones les estaban vedadas por corporaciones que sólo aceptaban cristianos. En palabras de Ernest Renan, “la Edad Media le reprochó al israelita la misma profesión a la cual lo condenó”.

La preeminencia judía en la metafísica se debería a la “naturaleza abstracta” del pensamiento judaico, Jacobs dixit.

También Karl Schwarz señaló, en Los judíos en el arte (1928), una disposición más mental que artística. Entre otros aspectos, un pueblo que adoraba a un Dios cuya esencia es antagónica a la forma, no podía relacionarse con la forma de modo positivo.

Hacia 1963, Lewis S. Feuer, psicólogo y sociólogo de las ideas, planteó una tesis adicional: la ciencia es el fruto de un espíritu hedonista-libertario, cuyo gran enemigo es el espíritu de ascetismo masoquista, heredado del medioevo. La ilustración judía fue, para Feuer, una rebelión contra el ascetismo, que “tomó diferentes formas: psicoanálisis, sionismo, socialismo”. Su común denominador era la ética hedonista-libertaria que, en distintas formas, fue la filosofía judía del Renacimiento.

Por su parte Raphael Patai, en su obra La mentalidad judía (1956) enumera siete factores de la intelectualidad judía: residencia urbana, concentración en el comercio, énfasis en la educación, necesidad de comprender y justificar una posición disidente, solidaridad de grupo, devoción por la vida familiar y religión no-dogmática.

Aunque la mayoría de las especulaciones acerca de la intelectualidad judía no lleguen a dar cuenta abarcadora y satisfactoria, la evidencia es demasiado conspicua como para hacer caso omiso de ella. La cautela para no ser arrastrados a desatinadas  especulaciones raciales o genéticas, no debería impedirnos estudiar la especificidad de una contribución intelectual que ha enriquecido nuestra civilización.

En los capítulos que siguen somos básicamente fieles al orden de la exhibición homónima para la cual se han escrito. Nos hemos extendido más sobre cada creador y, en vista de que contábamos con mayor número de páginas, hemos podido incorporar un autor adicional a cada categoría: Salomón, Derrida, Aguilar, Lasker, Levi Moreno y Ricardo. (El caso de Lasker no fue un verdadero agregado sino destacar un acápite, ya presente en el panel de cibernética).

Notará el lector que, al incorporar, hemos puesto énfasis en mujeres, a modo de compensación de la desproporción, y sefardíes, un poco por el mismo motivo y como justa muestra de satisfacción por el hecho de que el CIDICSEF apoyara esta iniciativa.

También se notará la incorporación del Rey David, quien en rigor personifica el texto que estaba presente en el panel de la Biblia. Aunque la memoria del Rey David no se circunscribe a la poesía, hemos optado por esta alternativa por sobre otras acaso más conocidas. Lo mismo podría decirse de Maimónides, que fue incorporado entre las ciencias como médico y no en el portal de filosofía como escolástico. También Luzzatto y Nordau podrían haber conformado el portal de la filosofía, pero decidimos colocarlos dentro de las letras, en las que también descollaron.

Una faceta final en la que este ensayo pone cierto orden resulta de que, en la muestra, la innovación viene por momentos ligada a una idea (monoteísmo, racionalismo, feminismo, neokantismo, liberalismo); otras veces a una vocación (poesía, ajedrez). En ciertas ocasiones nutre a una rama de las ciencias (cibernética, paidoterapia, antropología); en otras al motivo central en la obra del autor (la libertad). Aquí unificaremos un poco los criterios y resaltaremos las ideas.
......
                                                                                                                          
G. D. P.
                                                                                                Jerusalén, agosto de 2007

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El Autor:

Gustavo D. Perednik lleva publicados once libros, varios de ellos premiados y traducidos; disertó en varios idiomas en cien ciudades de cincuenta paises. Fue profesor invitado en universidades de China, EEUU, España y Latinoamérica. Actualmente lo es en la UCEMA de Buenos Aires y en la ORT de Montevideo.

Graduado de las universidades de Buenos Aires y de Jerusalem (cum laude) concluyó en Nueva York sus estudios de doctorado en filosofía, complementados en la Sorbonne de París, San Marcos de Perú y Uppsala de Suecia.

En Argentina fundó el Centro Hebreo Ioná en 1979, y desde el año siguiente condujo por una década los Festivales Juveniles de la Canción Jasídica.

En Israel, donde reside con su familia, Perednik dirigió el Instituto de Líderes y el Programa Cuatrienal de la Universidad Hebrea, en la que fue distinguido como profesor sobresaliente.

Sus libros de ensayo son: Hebreo Soy (1989), La Judeofobia (2001), España Descarilada (2004), Grandes Pensadores (2005) y Notables Pensadores (2006).

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